10/4/07

Un bar en la playa (...)

-No puedo más, viejo. No aguanto más.
Gustavo tenía un nudo en la garganta desde hacía meses. Nadie sabía de su problema hasta que tomó la decisión de buscar un cómplice. El elegido fue Fernando. ¿Quién otro podía ser? Son amigos desde chicos. Se conocieron en el club del barrio. La primera vez que hablaron fue mientras aguardaban que sus padres los pasaran a buscar después de una práctica de papi fútbol. Hasta esa nochecita de otoño casi ni habían cruzado palabras. Al otro día de aquella espera conjunta, Fernando fue a jugar a la casa de Gustavo. Desde entonces son inseparables.
Claro, ya no viven más a dos cuadras de distancia. Gustavo se quedó en Llavallol, está casado con Alejandra y tiene dos hijos. Fernando se mudó a Caballito y vive desde hace trece años con Mariana. Se ven poco. Pero siguen siendo incondicionales. Del otro lado del teléfono, la voz de Gustavo sonó desesperada.
-¿Estás bien? ¿Qué te pasa? ¿Dónde estás? –pregunta Fernando, alertado por el malestar de su viejo compinche.
-Estoy en la puerta de tu edificio. ¿Estás ahí? ¿Puedo subir?
-No. Pero aguantame que estoy llegando en diez minutos. Andá al bar de la esquina, allá donde nos juntamos la otra vez con Ezequiel y Jorge.
Gustavo respira aliviado. Sabe que su amigo le dará una mano.
-¿Qué hacés? ¿Qué te pasa? ¿Esta no será otra de tus jodas? –tira Fernando con ritmo frenético y casi sin respirar, mientras alza la vista y llama al mozo-. Traiga una cervecita. ¿Una Heineken, te parece? Y algo para picar, eh. Ahora sí, contame.
-La historia es simple. Me quiero ir...
-¿Cómo? No entiendo.
-Me quiero ir. Me cansé de todo. Ya lo pensé bien. Suena un poco desalmado, pero ya no quiero saber nada con Alejandra. Los pibes ya están grandes y se dieron cuenta de que soy medio pelotudo. Y estoy cansado de ir todos los días a la oficina y sentarme frente a la computadora... No da para más. Siento que hace 25 años, desde que entré a esa maldita empresa, dejé de ser yo.
El mozo llega con la cerveza y con una picada improvisada. Cuatro aceitunas, un par de rollitos de jamón y queso y unos maníes.
-Es lo único que me queda –se excusa el veterano camarero.
-Está bien. Menos mal que soy cliente... Vaya tranquilo –responde indignado Fernando y enseguida encara a Gustavo-. Perdoná... ¿Lo hablaste con Ale?
-No. Bah, lo intenté... Pero vos sabés cómo es ella. Va a querer asumir la responsabilidad de todo. Y no es así. La culpa es mía. Yo soy el que fracasó. Yo soy el que armó una vida que no quería. Ella, en cambio, está feliz. Me parece, incluso, que le estoy cagando la vida con mi constante disconformismo. No puedo seguir fingiendo... No aguanto más.
-¿Vos te estás garchando otra mina? Eso es lo que te pasa, boludo...
-Te juro que no. Ya te lo habría contado...
-Dale... Si la última vez que te vi me contaste que habías salido con la secretaria del gerente de tu empresa. Seguro que esa pendeja te voló la cabeza...
-Sí, pero no pasó nada. Era una calienta porongas. Y, además, no tardó ni una semana en darse cuenta de que soy un infeliz. Ahora apenas me saluda.
-¿Entonces? ¿Qué vas a hacer? -Fernando está desconcertado. Su amigo, el que conocía de memoria y al que entendía con sólo una mirada, fundió bielas.
-Ya tengo todo decidido. Me voy a la mierda.
-¿Y no hay vuelta atrás?
Gustavo mueve la cabeza de un lado a otro haciendo un no rotundo...
-Ni ahí. Se acabó. Tengo todo planificado. Y no voy a dejar a Ale y a los chicos en banda. Te cuento: desde que empecé a trabajar ahorré algunos puchitos. Todos los meses iba al banco y compraba dólares. Sin quererlo, llegué a los 80 mil. Así que yo me quedo con 10 lucas verdes para rajarme bien lejos y volver a empezar. Y el resto queda para ellos. También les dejo la casa, el auto y la herencia de mis viejos. Además, hace 15 días agarré el retiro voluntario y me indemnizaron bastante bien... Con todo eso, creo, están salvados hasta que se acomoden. Además, Ale tiene un buen laburo. Y algo de guita, si puedo, les mandaré...
-A la mierda... ¡Ya dejaste el laburo! ¿Y Ale ni se enteró?
-No... Mantengo la rutina. Me voy a las seis y media y vuelvo a las cinco. Y como ella me llama al celular, nunca se enteró de que hace dos semanas no estoy en la oficina.
-Me dejás duro. Esto va en serio... ¿Y puedo saber a dónde te vas a ir?
-No lo sé. La idea es armarme un bolso, agarrar el pasaporte, ir al aeropuerto de Ezeiza y tomarme el primer vuelo que salga... Brasil no estaría mal. Tengo unos conocidos en Buzios. ¿Te acordás de Ariel? También me gustaría ir a España. Aunque la guita se me acabaría más rápido. A los 45 años se hace difícil empezar de cero...
-¿Y cuándo te vas?
-En un rato. De hecho, vine a verte para que mañana le cuentes todo esto a Alejandra. Obvio, todo menos mis posibles destinos... No se lo podía pedir a otro. Sé que es una carga enorme. Pero vos sos el indicado.
-¿Qué sé yo? ¿No te parece un poco apresurado? ¿Por qué no lo pensás mejor?
-Hace seis meses que lo vengo pensando. No puedo perder más tiempo. Ya perdí demasiado.
-Me parece que estás exagerando. Todos tenemos malos momentos. De hecho, yo también tengo un laburo de mierda. Y cada vez hablo menos con Mariana... Apenas seguimos por costumbre. De hecho, hace unos meses me metió los cuernos con un tipo y casi me deja...
-¿En serio? Nunca me dijiste nada. ¡Vos estás peor que yo!
-Sabés las veces que me quise ir a la mierda...
-Yo no sabía que estabas tan jodido. ¿Por qué no me contaste nada?
-¿Qué se yo? No quería cagarte la vida con mis problemas...
-Sos un flor de pelotudo... ¿Para qué estoy? -Gustavo lo mira a Fernando. Recuerda aquella tarde en la puerta del ya desaparecido Club Social y Deportivo, cuando tenían ocho años y no veían la hora de ser adultos y vivir de proeza en proeza-. ¿Sabés qué voy a hacer ahora? Voy a poner un bar en la playa. Tengo la espina clavada en la garganta desde que terminamos la secundaria y el puto de Ezequiel se echó atrás... ¿Te acordás?
-¡Cómo me voy a olvidar! ¡Cómo nos cagó! ¡Encima, con esa guita, se fue de joda a Europa!
-¿Entonces?
-¿Qué? ¡No te entiendo!
-Si serás boludo... ¿Por qué no te venís conmigo?

2 comentarios:

Milton! dijo...

Muy bueno!

Anónimo dijo...

esto es real'? tienen un bar en la playaaa?? buenisimo .. yo termine la secundari y quiero poner un bar en pinamar! jajaja